"This is not the sound of a new man or a crispy realization. It's the sound of the unlocking and the lift away. Your love will be safe with me."

lunes, 19 de marzo de 2012

Letras permanentes


Hola, mi nombre es B. No sé por qué escribo esto pero me invade una necesidad de expulsar toda esa maraña de emociones que me asecharon el día de hoy. Fue uno de esos días donde el sol salió entre las nubes grises y cansinas de mi ciudad adormecida, capturada por lo que no puede ser percibible pero sí ineludible. Las horas pasan y vivir lo eligen pocos...

Cada día es una página en blanco que se tiñe de un color carmesí o de un oscuro luto que nos hace continuar bajo la impronta de todo mal un bien designa y a cada uno se le asigna dicha responsabilidad de bien-estar. Más sin embargo, nuestra capacidad es insuficiente ante el miedo recurrente que se cosecha en cada despertar; en cada contacto con esta realidad inaudita ante los ojos de simples mortales que con pasividad ven cómo los cuerpos se mutilan y los edificios cobran vida en llamas. Muchos se preguntan qué hacer, como si pasar de lector a escritor bastara con escribir oraciones retoricas, en lugar de formular la cuestión desde el tiempo que desperdiciamos y todas las atrocidades que permitimos sin titubeos ni temor de encarar las consecuencias que se desenmascaran con el tiempo. Mi ciudad es bella; su gente le desgasta y percude como si el futuro fuera cuestión de engaños.

Que trágicas y pesimistas mis palabras pueden sonar cuando en realidad no todos los sueños son pesadillas ni todas las personas se empeñan en difuminar el presente en el que somos participe. Por eso mismo déjenme hablarles de la alegría; tan benéfica y regocijante emoción que lo mismo se obtiene llorando que con altruismo y filantropismo. En mi la alegría no es el pan de cada día pero sí una elección cada amanecer. Me encuentro con él en cada aula rodeado del compañerismo que el tiempo y la apertura conceden, al llegar a casa y ver que tu madre duerme después de la jornada diaria y al dormir cuando de mi interior se escabullen reflexiones y unas que otras tentaciones. La alegría como remedio al malestar que sucede al pasar los días deberá ser suministrada sin conceder el engaño. No hay peor desilusión que la que nos pertenece.

La alegría es mía cada día pero el amor no seduce a su periférico servidor. Na causa en mi el mismo encanto y reacción que en años anteriores cuando cual colibrí buscaba sobrevivir entre las flores, aquellos días permanecía encendida la luz por mas que no fuera primavera. Hoy encaro el amor como un proyecto que con los años se va cimentando y cuyas estructuras son más fuertes que los dos en relación. Lástima que con el tiempo se ha ido debilitando su significado cabal e incrementado el banal. No existe más ese amor de veladas románticas e intimas con aquella persona que intensifica esa pasión por lo que más significa. Hoy sólo existen relaciones que sacian la necesidad de afecto atenuada con cada inquilino que se aloja, relaciones que regodean el orgullo o simplemente emulan para no dar cabida a la duda. Quizá exigo mucho, quizá no sea el romántico que se busca pero si algo se respecto a él es que no perdura si no se dosifica.

Pasar del amor a la tristeza, aunque no parezca, es tan inmediato como llevarse la mano a la cabeza y ser avasallado por la melancolía. Pero la tristeza no se limita al amor. La tristeza se ha convertido en una emoción recurrente que convierte las noches en un estremecedor mutismo. La tristeza se considera non conveniente y apartada del reparto de la vida diaria, tomándole como el daltonismo que impide al ser ver el mundo a todo color, aunque en la mirada y gesticulación se encuentre pero no atisbe. No obstante, la tristeza en su proceso abunda de moralejas y aprendizajes que bien son útiles en el ir y devenir de nuestra cotidianidad; las sonrisas son anzuelos esperando ser recibidas y las intenciones son granadas que en manos estallan. Por eso la tristeza más que oscurecer el velo, más que conducir a la gente a su entierro permite la reflexión sobre lo que paralelamente acontece. No confundir tristeza con depresión.

Vivir en esta pequeña ciudad me transmite todas esa emociones pero la que más se agudiza con las agraviantes presentadas por cada ciudadano es el enfado. Lo que lo alborota es ver lo estancados que permanecemos cuando tenemos recursos y potencial para superar lo establecido hasta ahora; vivimos bajo el régimen de la costumbre. Me enfada de igual manera la idiosincrasia que predomina y termina por golpear y dirigir cada palabra y acción por más que éstas no expresen lo que son. Podemos ver gente desechando proyectos honestos porque la impunidad determina que tan lejos ha de llegar; gente que permanece sumisa y servil ante las vejaciones de individuos que se deben a su posición social o gente creyente de mejorar su condición de vida pero con muy baja estima proyectada por la poca valía que invierte en su persona. La injusticia, permisibilidad y pasividad son la asociación tripartita que repercute en la representación sumisa desde que el gallo canta hasta que el sol decide no irradiarnos más. La esperanza es bisiesta.

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