"This is not the sound of a new man or a crispy realization. It's the sound of the unlocking and the lift away. Your love will be safe with me."

viernes, 20 de mayo de 2016

Gracias a ti

En la actualidad, las personas están más preocupadas por la inseguridad, la política, la economía, en pocas palabras, por otras materias que influyen más en su día a día, que ponen en predicamentos su continuidad en esta vida y no solo en lo concerniente a su mortalidad —¿viviré mañana?— sino también en lo concerniente a la manutención personal o familiar —"ya no alcanza para nada"—, aspectos que, van relacionados con la supervivencia, con la permanencia en este mundo bajo las mejores condiciones posibles.

Por ende, en estos tiempos modernos, la psicología se ha convertido en una opción secundaria (o incluso terciaria) en la lista de elecciones de una persona. No es el inamovible titular que procura un mejor desarrollo en la vida personal y colectiva sino algo así como el rómpase-en-caso-de-incendio que usamos cada vez que el fuego nos alcanza y se requiere de un as bajo la manga que prometa (o al menos procure) su extinción.

Con lo dicho, no quiero decir que la psicología no sea una materia redituable o que no proporcione gozos a quien la ejerza, para nada, al ser una materia cuyo principal objeto de estudio es el hombre, los logros y preocupaciones son constantes, las aportaciones y consternaciones hacia la sociedad son seguidas, mis palabras van más en el sentido de los ritmos de vida que llevamos en la actualidad y que nos obligan a estar más atentos del entorno que de nosotros mismos, que nos tienen sumergidos en ritmos tan frenéticos y rapaces donde la ley del más fuerte se vuelve lo más importante.

No olvidemos que la psicología es una materia guía, complemento del hombre, una materia que ayuda a la ardua tarea de conocerse mejor; por ende, al ser, en la actualidad, una materia relegada, no extraña que el ser humano se encuentre tan sumergido en ese profundo abismo de los tiempos modernos. Yo no digo que la psicología cambiará al mundo, porque así como el terapeuta no cambia al paciente, el paciente se cambia a sí mismo, al mundo lo cambian las personas (y sus instituciones) pero éstas se encuentran desamparadas en un entorno que proporciona más angustias que soluciones; en un entorno donde, hoy día, influyen más los medios que las relaciones humanas.

Pareciera que de psicología solo hablan los psicólogos, que la materia fuese solo una zona exclusiva de quienes son parte de su comunidad, y esa sensación da porque ajeno a las personas involucradas en la materia (y a días específicos como hoy) poca gente externa habla sobre psicología, hace mención de ella o la considera como una opción. Lo que hace falta es una mejor traducción de la psicología en cuanto a que todo lo representativo de la materia ayude a crear un mejor concepto de lo que es y no es y que no quede únicamente —a los ojos del extraño de allá afuera— como la puerta que se abre, la opción que se elige, cuando la locura se instala en nosotros. A la psicología le atañen tanto sanos como insanos.

miércoles, 11 de mayo de 2016

¿Banksy o la gente alrededor?

Cuando surge el tema de la descarga de música y el daño que se le hace a las agrupaciones en cuestión surge en mi el siguiente interrogante: ¿valdrá la pena darle tanta importancia a un tema que se resuelve por sí solo? Al menos desde mi posición, un artista, sea músico o pintor, lo que busca es expresarse, comunicar lo que siente o piensa respecto a algo en particular (los productos e intereses son adiciones de la industria no tanto del aprecio). Pero no vayamos tan lejos, que una persona común y corriente, como nosotros, también busca el mismo propósito: expresarse. Una palabra dirigida al aire, a la nada, no tendrá la misma trascendencia o impacto que si se dirigiese a una audiencia que escucha, con atención o sin ella, dicho mensaje. Por lógica, éste tendrá mayores posibilidades de vivir.

Y no asombra para nada el hecho de que en la actualidad importe más la audiencia que el mensaje. Importa más aumentar el numero de tripulantes que la dirección de la embarcación. Hoy ganan más los que tienen personas a su lado que las que carecen de ellas; las masas se han vuelto el arma de mayor potencial para los encargados de transmitir, para los encargados del mensaje en cuestión. Por eso, cuando llega a mi la interrogante sobre en qué aspecto radica mayor importancia, siempre me inclino por el mensaje. Porque, al final, este será un factor vital para el acercamiento de dicha masa. Un mensaje negativo —o en la actualidad mal difundido— y acabarás hundido; un mensaje positivo —o bien difundido— y acabarás viento en popa.

Tristemente, en la actualidad no importa tanto el producto como sí importa el público o audiencia. Y el problema con ésta, es que es sumamente maleable, fácil de manipular o de conquistar; llegar a ella no es una misión que presente un inconveniente para el capitán en cuestión mucho menos lo es insertar el mensaje. Con tantos medios con los que se cuentan en la actualidad, cualquier iniciativa, proyecto o difusión de algo que se quiera dar a conocer es más fácil que antes, y también, por ende, mucho más fácil de alcanzar y trascender. Basta un simple clic para estar presente y uno más para llegar al objetivo final.

Como miembros de un colectivo, considero que nuestra principal carencia es la de analizar las cosas que se nos presentan, evaluar sus pros y contras, los beneficios y perjuicios que se presentarán si se aceptan. Tomar una decisión no es solo cuestión de eso, de decisión, de convicción, también es cuestión de evaluación, de análisis, de sopesar cada uno de los elementos que rodean a dicho asunto; la valentía, el arriesgar, no es la mejor virtud a la hora de la toma de decisiones. Pero, como se ha dicho ya, es más fácil seguir que refutar, es más fácil entregarse al impulso, al ¡va!, que al pensar sobre lo que se hace, así que, no es de extrañar que haya tanto ganado en el establo dispuesto a ser sacrificado por los beneficios de su(s) encargado(s).

El problema secundario viene cuando eso que aceptamos nos causa displacer, dolor, sufrimiento, perdidas, y en vez de reconocer que uno se ha equivocado culpa, en lugar, al otro por el daño causado. No se culpa a la carencia de evaluación por haber tomado dicha decisión, se culpa a quien haya impedido su logro, su realización, se culpa a quien haya causado las heridas, no se culpa a uno mismo por haberla permitido. Por lo regular, el ser humano (¿o mexicano?), cuando sigue algo —ya sea por identificación o por arrastre—, lo sigue, por lo regular, hasta las últimas consecuencias por más desagradables que estas sean. Tales conceptos como fidelidad, lealtad o fe ciega suelen tener un alto precio cuando las tarimas donde se posan suelen ser inestables. Pero "como nosotros somos más", se suele decir y pensar, "¿qué puede pasar?". La seguridad que da el otro, el compañero de creencia, la mayoría, solo aumenta la ilusión de seguridad, la ilusión de que todo estará bien porque somos más.

A manera de epilogo: ya sea en asuntos que nos conciernan como ciudadanos o como miembros de un grupo o comunidad, evaluar no está de más. Recuerde —considerando el hecho de que somos parte de un conglomerado y que la repercusión de una decisión no solo pesará sobre nuestros hombros—: cuando usted, miembro de una mayoría, toma una decisión, influye, directamente y sin objeción, en la minoría y por ende en el todo. Así que, no se deje guiar por el tamaño que al final el Titanic no miente: cuando uno cae, caen todos.

Espantapájaros

Ensamblado de partes
reminiscentes de otras partes,
colección de lo obsceno,
de lo que no quiero,
de lo que con fiereza combato:
un espantapájaros a vivo retrato,
portador de nuestros instintos más bajos,
que podamos armar a placer
pero sin perder familiaridad con él,
sin perder tan estrecho lazo.
¡Quemen al esperpento!
¡Que las cenizas se las lleve el viento!
Veámoslo caer, veámoslo perecer,
celebremos su derrota
que es la derrota del ser.

martes, 10 de mayo de 2016

Aviso Parental

Para mi, la labor de una figura parental no es solo la de enseñar a su hijo cómo comportarse ante el mundo mostrando la mejor de sus caras (no robarás, no mentirás) sino también mostrando que su figura es igual de mundana, tan propensa al error y al acierto como su educando. En pocas palabras, una figura parental no solo debe ser la luz que ilumine y guíe el camino sino también la oscuridad que nos muestre cuan vulnerables somos: el paquete completo (gracias por ser todo: lo que quiero y no quiero ser).

Muchos padres suelen ser bastante limitantes en el sentido de lo representativo del hombre y suelen únicamente mostrar un lado: el lado positivo de las cosas, el rostro afable, la palabra adecuada, el acto correcto ante ciertas circunstancias de la vida pero, cuando ese padre "hace algo malo", cayendo en una contradicción, cayendo en ese abismo propio del hombre, es ahí cuando se cubre de arena y prefiere morir enterrado bajo su propio malestar en vez de transmitirlo a su vástago quien, al fin de cuentas, observa y aprende, toma como referencia a la figura parental e imita y repite lo que este hace; por ende, el ejemplo de no mostrar ese lado oscuro tan propio del hombre —parte de nuestra definición esencial—, ese que nos hace tan frágiles, no hace más que presentar un ejemplo erróneo, un ejemplo que comunica vergüenza o culpabilidad ante dicha vulnerabilidad y que muchas veces se esconde por temor a que ese aprendiz de la vida caiga en los mismos pasos. Pero se pierde más no comunicándolo.

Una figura parental no es solo aquella que te dice, con signos de exclamación y todo, que "mentir es malo", sino también la que te dice "he mentido" y expone su caso; es aquella que de los momentos de apremio, de los momentos más sombríos y de incertidumbre personal, saca una enseñanza vital para el desarrollo de su educando; es aquella que ofrece el paquete completo sin mayor reparo, la totalidad de los polos del ser humano. Porque, de qué otra voz sino de la propia figura parental se quiere conocer el mundo, se quiere conocer sus texturas, sus sensaciones; de quien más sino de alguien que ya ha estado ahí y que comparte su experiencia como quien comparte la enseñanza propinada en un salón de clase.

Ser padre no solo abarca lo relativo a lo económico, a la manutención del hijo, a que este no muera de hambre, a que tenga un techo en el cual vivir, a que tenga qué vestir o dónde estudiar, abarca también, y a gran escala, la labor humana en su totalidad transmitida o traducida por estos. Esa criatura concebida merece conocer la complejidad total del espectro humano: desde aquella que nos hace angelicales y diligentes, al servicio del prójimo hasta ese lado demoníaco y egoísta, al servicio narcisista de sus propias necesidades. Enseñarles que somos tanto la guerra como la paz, enseñarles que somos tanto la esperanza como la decepción, enseñarles todo el panorama completo; ya que, en un futuro no muy lejano ellos estarán en el mismo lugar de sus maestros y probablemente se pregunten cómo es que no enseñaron todo esto.

Del acto

Mi vida transcurre a través de un lente, entre fotografías que dan fe y legalidad del día a día: los pasos de una persona que camina con la cabeza caída, la luz que se escapa por entre la puerta y se abre paso entre la oscuridad, la desolación de un cuarto que parpadea de vez en cuando, los pájaros congregados los cables tras una larga travesía, la carcasa de un animal y la cruda exposición de un destino fatal, las sombras de unas aspas que giran y giran e hipnotizan a quien las mira, el estruendo de un relámpago que ilumina hasta el más recóndito sitio de esta lúgubre casa. Evidencia toda, de una estadía carente de vida que transcurre entre un gran laberinto de infelicidad, oprobio y tragedia continúa, un laberinto de forma circular que nos recuerda que la peor forma de andar en esta vida es dando vueltas, sin esquinas para descansar y volver a la pelea; implacable mareo que provoca una contundente caída y la perdida de toda esperanza de continuar.

Mi vida transcurre entre las palabras que escribo porque las que digo se las lleva el viento y volar aún no es considerada una cualidad humana como la que sí es el arrastrarse entre un gran vocabulario para encontrar la palabra adecuada. Lineas y lineas de adictivas y soporíferas sentencias que hacían mitigar la fuerza de ese roedor en mi cabeza que giraba y giraba como quien pedalea para ganar el Tour de Francia; una labor exhaustiva y que requería más que el habitual queso, requería vida, de esa sinfonía que lo llena a uno de algarabía. Pero el lienzo donde escribía era un desierto. Uno donde el calor asfixia y te deja sin aliento. Uno donde la vida es una anécdota que se cuenta entre ironía y mal aliento. Uno donde la ausencia es requisito para solventar tan inhóspito sitio. Mis palabras sobrevivían como el cactus y también pinchaban de vez en cuando; gracia de una naturaleza que no deja a sus especies inerme ante amenazante escenario.

jueves, 5 de mayo de 2016

Del tiempo

Mi tiempo se mide en el chorro de agua que cae y llena el termo, un tsunami que parece eterno, una cascada de ansiedad y espera. Algunos me dicen que es mejor la arena como medida del tiempo pero el miedo a morir sepultado antes de tiempo es superior. Entonces me hablan del sol. De como su movimiento delata el paso del tiempo. Me hablan de la sombra que se mueve con él y de la oscuridad que persigue y a mi cabeza saltan todas esas formas que en las noches se forman y que parecen tener vida propia; y al tiempo que el recuerdo me embarga me pregunto si el tiempo no vendrá de aquel lugar sin vida y sombrío donde la luz proyecta sus creaciones.

Un hombre moderno se ríe de mi y me dice que no crea en maquilaciones, me dice que compre un reloj si lo que quiero es saber el tiempo pero me advierte que tenga cuidado en caso de querer deshacerme de este; me dice que su cuerpo no es como el suyo o el mio que se descompone con el andar de los días sino que el tiempo flota y flota sin mayor estrago o señal de agravio causado en él; es un fantasma, me dice, que transcurre su estancia sin presencia que dé validez de él pero que impacta en nuestras vidas con la misma trascendencia que una persona viva. Algunos dicen haberlo visto por el pasillo, detrás de una ventana o incluso aseguraban haber hablado con él pero siempre acababan viéndose a sí mismos demacrados y viejos, consumidos por el delito del tiempo.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Algo para escuchar

No hace poco publique el mundialmente famoso álbum "The Marshall Mathers LP" y hoy, a manera de continuación, me propongo a presentarles, "The Marshall Mathers LP 2", aunque no con el mismo ánimo ni entusiasmo que el primero. Aquel primero disco es, fue y será inigualable y sirvió para propulsar una estrella en ascenso, para dar un nombre e identidad a un artista, para posicionarlo en una cima de la cual no bajaría más. Su continuación, muy a destiempo a mi gusto, no cuenta con la categoría, impacto ni profundidad de su primera entrega.

Si tuviera que mencionar dos aspectos que hacen del material de menor calidad que el primero son: 1) la ausencia en producción de Dr. Dre quien, a inicios del nuevo milenio, era un fiel colaborador de Eminem y que al igual que este último contaba con importante popularidad y prestigio; sus producciones se vendían cual pan caliente; 2) no cuenta con el tonelaje hiphopero con el que contó el anterior en tiempos donde el genero vivía una época despampanante; para el tiempo en el que fue grabada esta producción, el género se encuentra sumergido en el trap así como muchos de los nombres que figuraron en el pasado no se encontraban al mismo nivel incluido el mismo Eminem.

De entrada, algo de lo que carece el álbum a diferencia de su antecesor es de sencillos, ya no igual de gigantescos que los que hubo en la primera parte, pero al menos igual de seductores y llamativos. El mayor single es 'The Monster', canción donde Eminem colabora con Rihanna y, para ser honestos, dista mucho de ser atractiva o significativa al menos para quien disfrutó de sencillos tan emotivos y representativos como 'Stan'; aquí más bien estamos ante una apuesta más comercial que musical. El segundo sencillo en popularidad es 'Berzerk' donde la producción —realizada por Rick Rubin— se asemeja más a una especie de homenaje a los viejos días de los Beastie Boys que de los de Eminem; una canción que, sí, es buena pero no del estilo característico del rapero de Detroit. 'Survival' y 'Rap God' son, desde mi perspectiva, los mejores sencillos; el primero con bastante energía rockera y del tipo que simpatiza a las grandes audiencias —de hecho, forma parte del videojuego Call Of Duty— y el segundo con una carga bastante pronunciada de rimas auspiciadas por el auto-proclamado Dios del rap —muy laxo en sus lineas—.

Debo advertir que no estamos ante un disco de mala calidad, para nada, y basta con escuchar el primer corte 'Bad Guy' para afirmar que la producción viene en serio y que Eminem no ha perdido su destreza a través de los años aunque sin el mismo potencial inicial. Lo que venimos a descubrir con el material es a un Marshall Mathers si bien no con la misma valía y algo sacudido con el paso del tiempo y los eventos, sí con la misma agudeza y habilidad para lanzar rimas que así como nos pueden hacer llorar nos pueden hacer reír, reafirmando ese humor ácido y frontalidad que lo hizo tan redituable y único en los inicios de su trayectoria; dos cortes tan opuestos como 'Love Game' —con Kendrick Lamar— y 'Headlights' —con Nate Ruess— bien pueden validar lo dicho antes.

Complicado comparar dos álbumes y dos épocas tan distantes y distintas una de la otra, dos momentos de la vida de Eminem tan diametralmente diferentes. Difícil no esperar algo parecido a la primera entrega y difícil, de igual manera, verse un tanto desilusionados al no encontrar algo, sino similar, de la misma denominación; y es que, si bien hay canciones malas como 'Stronger Than I Was' y de gran calidad como 'So Far...', "The Marshall Mathers LP 2" es algo inconsistente en comparación a su antecesor. Momentos donde el disco parece no llevarte a ningún lado, luciendo un tanto apagado, y otros donde se dinamita y atrae tu atención, son lo que hacen el material de opiniones tan divididas o de plano negativas.

En lo particular creo que esta segunda entrega se encuentra escalones por debajo de la primera pero, aun y con todos sus altibajos, logra una apreciación positiva a mis oídos así como de igual manera dentro de la discografía de Eminem que se encontraba en los más recientes años antes de este lanzamiento muy devaluada y sin una producción que mantuviera la vigencia de su nombre. "The Marshall Mathers LP 2" no llega en el mejor momento del rapero, cierto, en uno sin pena ni gloria, pero llega para reanimar una trayectoria que se encontraba pálida y por los suelos. Una gran bocanada de aire, una vuelta al juego, eso es lo que este álbum es.

80

martes, 3 de mayo de 2016

6:30

Yo no hablo del bien y el mal porque tales términos me parecen incorrectos e insuficientes al no abarcar la totalidad de la conducta realizada; me parecen más bien palabras clasificatorias como bonito o feo, divertido o aburrido, que hacen de nuestras vidas más sencillas a la hora de dirigirnos a alguien o a algo pero que siempre se quedan a medias y se prestan a ambigüedades. Mas en un tema tan sensible e importante como lo es la religión, sus actos y la posibilidad de que éstos nos habrán las puertas del cielo o nos refundan en lo más profundo del averno toman una importancia no tan superflua y coloquial sino mucho más detallada y extensa.

Definitivamente una persona no es "mala" sino cumple con la palabra de Dios pero sí pone en predicamentos de qué está hecha esa creencia o fe que al primer hervor humano se abandona acabándose por arrojar a esa montaña rusa que son los sentimientos humanos de la cual acabamos bajándonos mareados, agitados e incluso golpeados por tan contundente impacto y sacudida. Una atracción que más que causar diversión causa serías perdidas y heridas.

Si una misión tiene la religión, aparte de la de ofrecer la salvación y hacernos sentir menos damnificados en este mundo, es la de permitir a la persona trazar una línea entre lo humano y su creencia, entre su cualidad de ser humano, y por ende animalesco, y su cualidad de creyente de la palabra de Dios y toda la moral y buenas costumbres que con ello corresponde; permite ser una persona diferente a la que solemos ser y que odiamos —porque la gente se arrepiente de sus pecados muchos de ellos tan mundanos como la mentira— pero que, al parecer, nos resulta imposible deslindarnos debido a la fuerza de nuestra viciada y corrompida condición humana o —elija usted— a la fragilidad de la creencia religiosa que por lo regular acaba sucumbiendo en los momentos de mayor turbulencia interna.

En términos mundanos, la venganza es mala. En términos religiosos, lo es también. Pero se pregunta aquel que siente, ¿qué hacer con todo este sentimiento de querer ver caer a quien me hizo sufrir? ¿Qué hacer con un sentimiento que exige una deuda se salde, un precio se pague? La religión habla de no caer en la tentación, ceder el paso a tan impetuosa demanda, pero la condición humana clama porque la ofensa no quede en la nada o relegada a las llanuras del olvido, el humano exige el despojo de su dolor por el dolor del otro. Una especie de lucha romana, en este gran coliseo llamado tierra, donde no se cederá hasta ver perecer al otro y verificar, por ende, que ha perdido la batalla. La sangre demanda más sangre.

¿Es ese el mensaje que la religión quiere mandar? No. Es ese el mensaje de la naturaleza humana y que muchos no sabemos domesticar por mucho que nos lastimemos con nuestras propias pezuñas o por mucho que nos congreguemos y recemos. Pero que quede muy claro: la religión no cambia al hombre, solo procura su mansificación a propósito de lo animalesco, le da una razón de creer, un refugio en las noches más oscuras, un apoyo en los momentos más solitarios, un acompañante invisible que nos sigue a todos lados y que nos hace sentir menos solos y diminutos dentro de un entorno del cual no tenemos control.