"This is not the sound of a new man or a crispy realization. It's the sound of the unlocking and the lift away. Your love will be safe with me."

sábado, 28 de enero de 2012

¡Victoria!


Ser niño significa ser la alegría y dicha del hogar pero en un mismo cuerpo ser incapaz de reflejar la transparencia e impacto que las palabras provocan. Muchos fuimos niños, pocos lo recordamos pero hemos visto criaturas ajenas a nuestros genes que se comunican a base de gestos y movimientos que los padres, experimentados, interpretan de manera pronta. Uno de los métodos que más placer me provocan es el de la proyección por medio de dibujos. Ahí se encuentran elementos que, si bien no son claros en ciertos casos, representan todo lo que los niños se dan cuentan pero no reflejan explícitamente.

El día que "Tazmania" llegó, en mi se encontraba el propósito de poner en práctica todo aquello que había leído y lo cual me parecía demás interesante. ¡Casi lo olvidaba!. Mi nombre es Rafael y soy prospecto a psicólogo. Estudiante que renovó la confianza en sí y para con la decisión de haber elegido la carrera después de este suceso. Un Sábado cualquiera se convirtió en un descubrimiento para mi; en afirmar contundentemente que la psicología fue la elección más asertiva que he tendió en años donde serlo no era mi bandera.

¿Saben/recuerdan qué es lo bueno de ser niño? La libertad. Ser quien eres sin actuar bajo el velo que la sociedad impone con sus normas y reglas tácitas. Simplemente celebras el estar vivo; el mundo es tuyo. Ella lo demostraba muy bien. Inteligente, picarona, traviesa como privilegio de ser la más pequeña de los vástagos. La imagen de ella y la mía contrastaban ampliamente. Yo, sentado en estado pasivo mientras atendía mis deberes; ella rodeándome mientras platicaba conmigo y me introducía a mi nuevo apodo: barba negra. Ingenioso y nada mal. Siguiendo con la platica y risas que brotaban de su boca, me confesó una de sus travesuras; había tomado dinero de su hermano (quien sabe si es real, pues, en tono muy honesto dijo "me gusta engañar a la gente"; sentencia que aún sigo preguntándome si es positiva o negativa) una cantidad lo suficientemente grande para ella y los gansitos que tanto le gustan.

Cambiando de lugar, entré a mi cuarto. Hasta ahí llegó. Y lo primero que noto, como otras pequeñas primas que tengo, fueron los colores y las hojas para colorear. Admito que mi cuarto en ese sentido es lo equivalente a una dulcería o juguetería para un niño; hay el suficiente material para mantenerles entretenidos. Le alcance un lápiz y hoja e inmediato se recosto en el piso. Mirándome de reojo para que no la viera. Inmediatamente se levantó y me dio su dibujo: una pluma bailarina. No tardo en pedirme otra hoja. Una vez echando a volar la imaginación es costoso parar un niño. Le dije que utilizara el lado posterior para lo que rápido tomo la hoja y rayoneó dicho lado; como diciendo, "desconozco tu sentido de reciclaje". Tomó una hoja por su cuenta y un grito resonó de la cocina: era su mamá, avisando de la despedida. Lo que no le afecto en lo más mínimo y continúo hasta terminar lo que había comenzado. Al acabarlo, mostró el dibujo que en un principio vaticine como amor (al verla trazar un corazón) pero que después ella misma declaró como tristeza; una palabra que se presenta como una antítesis para lo que ella es.

Al bajar e irse, mire el dibujo. En primera instancia, se asomó un veredicto de incredulidad. No creía que involucrarme en él trajera un respuesta concreta. En muchas ocasiones había visto dibujos pero siempre apegados a los de un niño: casas, flores, mascotas, juguetes y todos acababan por terminar en el cesto de basura pero este, descifraba algo a lo que ni papá ni mamá podrían llegar: una perspectiva abatida, mustia que reflejaba la perdida de un eslabón familiar; ella no ha de llorar, ni de gritar pero sí que a de saber identificar que algo anda mal. Y los padres se engañan al pensar que tras esa risa todo es un carnaval.

Así fue como ese dibujo renovó todo voto a favor de mi carrera. El ver que con tan pocos recursos ella me compartió algo muy suyo y que, con seguridad nada empírica, me atrevo a decir, le apuraba por sacar y descubrir; porque los niños no son sólo brincos y gritos, son el punto de inflexión de un porvenir dichoso o ruin, es cuando la vida comienza y más misteriosa se nos presenta. Hoy la psicología se manifestó, lo cual, para mi es como espinacas para Popeye.

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