"This is not the sound of a new man or a crispy realization. It's the sound of the unlocking and the lift away. Your love will be safe with me."

miércoles, 24 de enero de 2018

Nacer / ¿Vivir? / Morir

Dios es la bala que asesinó a Kennedy.
Dios es la pistola que porta el homicida.
Dios es el cuchillo que se clavó por la espalda.
Dios es el chicle que se te pegó en la suela.
Dios es el tostón que te encontraste en el suelo.
Dios es la mierda que te cae del cielo.
Dios es todo y es nada.
Dios es un tamarindo.
Quizás tanto pájaro en el suelo
me pega tanto,
porque la muerte me ha corneado,
me ha zangoloteado,
me ha dicho: estoy presente.
¿Nunca viste una herida?
Primero sangras,
después cicatrizas;
aunque el dolor intermedio
te hace trizas.
Una familia, padre e hijas,
observan la maravilla de la contaminación,
en una ciudad tan poblada como sucia,
donde la basura funge de gondolas
en una Venecia sumamente turbia,
que su fondo adornan renacuajos y verdes algas
que dan muerte a la vida y vida a las plagas.
Aquí nací:
donde no pasa nada,
donde la gente habla de nada,
donde lo repugnante es atracción,
donde reina la repetición,
donde se vive en una antigua versión de Microsoft;
un lugar que la historia omitió,
un lugar que el hombre olvidó,
un lugar que el hombre descuidó.
Aquí nadie gana,
todos pierden,
aunque algunos
más que otros,
se divierten.
Quizás por eso la muerte
se siente tan viva aquí.

lunes, 27 de noviembre de 2017

El nombre de este texto es muerte.

La casa estaba llena de nomenclaturas pero carente de química de vida. Las paredes sumergidas en un olor a orina flotando por encima de una cabeza gris y tímida. El corazón latía pero no había señales de vida porque la vida es más que órganos y tejidos, es ver el sol ponerse cada día, es marcar el compás del ritmo de la vida y bailar a la par. La casa se convirtió en un hospital, en recinto de enfermedad, en asilo de dolencias y esperanzas que acababan reducidas a naufragar porque por más que se quiera llegar a la orilla el cuerpo grita no puedo más. La muerte se volvió asible, en algo que se podía alcanzar. en un olor tan familiar que ocupaba un lugar en el sofa; la vida se había relegado al pasado, a un portaretrato, a una fotografía en espera de continuar su relato. Pero como toda historia tiene su final, el de esta llega en la hora más oscura, en la víspera de un nuevo sol, de un nuevo amanecer, en la víspera de un nuevo canto de los pájaros, de un nuevo día para soñar en más días. La muerte blanca ahí acostada, la vida varada, el corazón que ya no palpitaba, la mirada extraviada, fijada en ese momento que a todos ha de llegar: el momento del último aliento. Pero la vida no acaba aquí, sobrevive en el recuerdo, en aquellas fotos amarillas y que en su polvo inhalamos mejores momentos, sobrevive en la gente, en los lugares que nos vieron pasar y dejar una semilla que germina con el tiempo y que en la ausencia nos alimenta con sus frutos. La vida no se trata de un inicio y de un fin, de vivir y morir, de hacía dónde nos dirigimos, se trata de ese camino que andamos y que en su andar nos lleva a lugares inesperados, a encontrarnos, a extraviarnos, a construirnos, a destruirnos, a dejar ese legado por el cual seremos recordados.

jueves, 16 de noviembre de 2017

La vida al final

Quizás la vida no sea nada al final,
solo polvo y cenizas
o un saco de huesos
que los gusanos y el tiempo consumirá;
pero hay quienes dicen
que vamos al más allá,
a un lugar lejos de lo terrenal
donde nuestras almas descansan en paz,
una utopía que cualquier mundano
no dudaría en aceptar,
si el cielo estuviese más alcance
y no fuese solo un ideal
de lo que esperamos
cuando la muerte nos alcance.
¿Es ese el poder del miedo,
del miedo más ancestral
o de la fe de la humanidad?
Porque al final todo lo desconocemos,
incluso cuándo nuestra vida ha de acabar.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Día de muertos

Anteriormente había estado en contacto con la muerte. Me había tocado estar del otro lado del escenario; de quien acompaña la perdida, no de quien la vive. La diferencia ahora es que el golpe mortal se recibe directo; no hay metros ni casas de distancia de intermedio. Y lo más notorio de la muerte es el vacío que deja, un vacío que se percibe en un cuarto inhabitado, en un rastrillo abandonado, en una blusa colgada, en un par de zapatos acomodados, en anillos y demás accesorios huérfanos de manos que engalanar; un vacío que no se llenará cuando llegue de trabajar, que no se llenara cuando llegue de Moroleon tras comprar, o más tarde en la noche cuando llegue con sus amigas de pasear, es un vacío que permanece por el resto de la vida y que jamás abandona por más de que uno vaya llenando otros espacios.

Pero aquí el problema no es la muerte. La muerte es de todos. La muerte es tan natural y necesaria como la vida. Acá el problema es lo poco que se habla de ella. Sobre todo en un país vinculado con la muerte como es México. Irónico que en el país de los muertos, que celebra la muerte, que convive con ella diariamente, esta no aparezca en sus conversaciones cotidianas, no se contemple como una realidad que a todos ha de llegar, no se prevea la vida después de la muerte tanto en lo emocional como en lo material/burocrático. Porque una cosa es ver la muerte en los noticieros, en los periódicos, en cualquier red social o medio digital, imágenes que suelen ser por lo regular impactantes, shockeantes, y otra cosa es hablarla concienzudamente, aportando información vital y necesaria y no únicamente salpicada de morbo.

Simplemente me pregunto cuántas personas conversaran sobre la muerte ya sea con sus familiares, amigos o en grupo más allá de una festividad o momento en particular. Cuántas personas sabrán cuál es el deseo final de la persona allegada (¿será ser incinerada? ¿Será que sus órganos sean donados? ¿Sera que sus pertenencias tengan cierto destino o destinatario?) o cuántas personas planificaran su muerte en el sentido de contemplar gastos funerarios, testamento o seguro de vida; así mismo, cuántas personas sabrán del proceso post-muerte que tiene que ver con lo burocrático, con los tramites institucionales que no paran y siguen generando costos. Porque déjeme decirle que quien fallece descansa en paz pero el tren de la vida no se detiene.

Pero no únicamente estos temas relativos al testamento o seguros son los que se debieran tocar con anterioridad sino también lo emocional y cómo sobrellevar el golpe de la muerte, un golpe que si bien es cierto dejará una cicatriz de por vida y que preparado o no sacudirá, no es algo que no se pueda superar pero para ello se necesita más que la conciencia de que vamos a morir. Para ello se necesita hacer de la muerte algo más vivo, acercarla más a la mesa y no solo verla como una fecha en el calendario o un futuro distante que solo llega en la vejez. Advertir sobre el impacto de la muerte puede disminuir sus secuelas en gran medida.

Mija: serás recordada por tu sonrisa, por tu amabilidad, por ser incondicional, altruista, por ser gran compañera, hermana, madre, amiga mas no recordada como el producto de un método que quita toda vida. Descansa en paz, descansa en color como siempre fuiste y serás.

martes, 24 de octubre de 2017

La muerte es de todos

Murió un gusano. Su cuerpo fue encontrado en pleno asfalto. Fue velado entre hormigas que se alimentaban de él. Murieron 50 hormigas coloradas sepultadas en la tierra. Se encontraban congregadas alrededor del hormiguero cuando el pie de doña Esther los aplastó sin cuartel. Se encontraba recogiendo la ropa de la lavada del día de ayer. Una hoja murió. Se le vio caer del árbol amarilla, lejos de aquel verde color vida. A su muerte se le suma la de más de 100 hojas que alrededor del tronco yacen sin vida; una tragedia de temporada. Se estima que sus cuerpos serán incinerados. Se murió Martinica. Una perrita chihuahueña de ladrido agudo y ojos saltones. Murió ahogada por un hueso de pollo que se salió de la bolsa de basura. Una mujer fue asesinada anoche. Su cuerpo fue encontrado en un remolque. Una más para la estadística y la indignación social. Un hombre murió ese mismo día. Su cuerpo fue encontrado en una esquina. En su cuerpo llevaba una manta que decía: la violencia gobierna estos días. Un recién nacido murió. El cordón umbilical le asfixió y le quitó toda esperanza de vida. Irónica jugarreta de la vida donde la única certeza es la muerte.

sábado, 26 de agosto de 2017

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Si algo he aprendido con el paso del tiempo, es del poder que tiene la psicología; y no únicamente en el estricto sentido de un consultorio y la relación terapeuta/paciente sino también en otros ámbitos de la vida social. Lamentablemente dicho poder no está en consideración de todos pues la psicología no es una materia debidamente apreciada, no es abrazada como por ejemplo la medicina aun y cuando lo corporal y lo mental estén atado.

Así que cuando veo que de psicología surgió todo esto, me pregunto dónde está esa misma fuerza en otras cuestiones de la vida; dónde está cuando surge una catástrofe; dónde está para modificar conductas sociales, de esas que nos perjudican como país; dónde está para cambiar la mentalidad de las personas; dónde está para hacer buen uso de lo que sentimos; dónde está para erradicar esas otras problemáticas de la vida (como la violencia, las adicciones, la salud mental).

Yo escogí la carrera de psicología tras haber leído a Sigmund Freud. Claro está que no sus obras completas sino estratos de ellas en un libro recopilatorio. Desde entonces, conceptos como inconsciente o asociación libre, entre otros, llamaron mi atención. Quería saber más sobre la materia, quería saber más sobre psicología. Mas en ningún momento imaginé el impacto que puede tener en la gente para moverlos de forma tal que se formen ejércitos (porque la psicología pocas veces llega por lo social, suele llegar más por lo laboral, lo clínico o lo educativo). Un poder que ya quisiera cualquier candidato electo en campaña.

La psicología, como cualquier otra ciencia, es una herramienta que brinda respuestas, soluciones, bienestar, que ofrece mejoras a la vida; no lo opuesto a eso. La psicología no es una herramienta que se utiliza en contra de quien me la hizo, de utilizar su poder como una alternativa de la violencia, una violencia maquillada por fines científicos o cuantitativos. La psicología no es un juzgado de lo penal o un arma blanca al que la gente pueda acceder para obtener justicia (o ajusticiar) cuando se le plazca.

Sí, en cierta medida la violencia es parte de la psicología, así como de la vida misma en sus más sutiles o explicitas expresiones. Basta con recordar aquel experimento (muy grabado en mi) de la prisión de Stanford donde gente común y corriente acabó siendo completamente diferente a como había llegado, a como eran ellos en realidad (todo ello gracias a las modificaciones contextuales que hicieron los experimentadores para plasmar sus condiciones y así llegar al resultado esperado).

Esto me hace preguntarme si los propósitos de la ciencia son nobles más allá de la estirpe de sus acciones, más allá de una violencia que sería condenada bajo otros contextos pero que bajo este científico no es condenado con la misma severidad. Al final, la gente cree que es por el bien de algo y como la figura de autoridad lo dice, la gente lo cree y no chista pues una causa positiva tendrá. Dudo que alguien preguntase: ¿cuál es el inconveniente de dejar la violencia en manos de humanos o cuál es el perjuicio psicológico que se podría causar?

Como lo dije antes: la psicología, la ciencia, no es un medio de justicia, la psicología no es un medio al cual uno pueda acercarse para que las injusticias del mundo se resuelvan (para eso existen otras instituciones, otros medios, que lamentablemente suelen fallar al hacer justicia). En el tiempo que lleve la materia de psicología comunitaria, por ejemplo (una materia donde el psicólogo no es el último eslabón hacía la justicia sino uno intermedio que ayuda a que esta se realice, algo así como la salud mental en el individuo), nunca, entre los tantos motivos que había para manifestarse, vi el de "tuve un conflicto con un compañero"; los motivos eran otros, cuestiones que admitían la insurrección mas no nimiedades como una fricción que a cualquiera puede pasar.

En tal caso, la maestra al frente del caso y a quien le atañe la clase, por haber sucedido en su espacio y por habérsele informado, debe llamar a un dialogo entre ambas partes que disuelva el conflicto, no a ser partidaria de una versión por cualquier vínculo o afinidad existente. Una revolución, una manifestación, es tan grande como sus motivos y hacer acá algo tan grande de tan pequeño motivo, no habla de la importancia de la causa, sino de la intensidad con que la vivió la persona (acá es donde entra la importancia de la inteligencia emocional y de la adecuada resolución de conflictos que atañe evidentemente a la psicología).

Para mi la psicología no es una prisión, no es una tortura. La prisión y la tortura son medios del hombre; medios, por cierto, bastante cruentos y que dan fe y legalidad de ese otro lado oscuro que poseemos todos (más allá de cualquier credo). La psicología, en cambio, aunque también creada por el hombre y con su lado oscuro también, su objetivo no es el de causar estragos en el ser humano, sino ayudar, cooperar con una mejora de modo que en el camino también triunfe el terapeuta.

Pero todo lo que veo es gente instruida y condicionada, gente que hace lo que se les ordena sin cuestionar nada, gente que marcha al compás del ritmo impuesto, gente que busca ser el medio a un mejor yo pero que en realidad acaba fragmentándolo en su intento.

Seguir es sencillo porque la decisión crucial no es nuestra. En cambio pensar es un ejercicio mucho más complicado que involucra lo que creemos, lo que sabemos, lo que pensamos, es un proceso mucho más completo y mucho más nuestro. Y la psicología, la ciencia, no creo que quiera que la gente no piense pero si el no pensar y obedecer ayuda a sus intereses, todo sea por el bien de la empresa.

domingo, 20 de agosto de 2017

Bien o mal...

La gente buena será más que la gente mala pero la gente mala tiene una trascendencia que los buenos no. Desde narcos y demás figuras, sus actos tienen una resonancia que perdura más allá de la estirpe de sus acciones. Si alguien ayuda a cruzar la calle a una señora no tendrá la misma repercusión que si alguien dispara una pistola; y ese es el problema de nuestra sociedad: las buenas acciones quedan eclipsadas por las malas acciones.

De hecho, pregúntese a usted mismo cuántas de las cosas buenas que hace en un día, en una semana, en una vida, tienen la misma repercusión de las cosas malas que hace porque éstas suelen notarse y recriminarse cuanto antes y con intensidad; en cuanto que las buenas suelen tener un impacto escueto o de plano pasar desapercibidas por completo.

En esa eterna batalla entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, da la impresión de que el mal o lo malo suele ganar más seguido pues su peso tiene un impacto mucho más hondo sobre nosotros ya sea condenándolo o imitándolo o ensalzándolo o viralizándolo. Mientras lo bueno no suele impactar con la misma contundencia febril, con la misma celebración o imitación, no suele ser reforzado de la misma forma que lo otro, que su contracara.

Quizás si las cosas buenas de la vida fueran tan bien recibidas, lo malo no tendría impacto tan sonoro, pero también esta en nuestra naturaleza esa tendencia de caer en lo perjudicial, de acentuar las cosas malas de la vida, de dar a lo negativo una importancia mayor. Cuantas cosas positivas habrá habido de Sodoma y Gomorra pero lo único que sabemos es que fue destruida por su indecencia.