"This is not the sound of a new man or a crispy realization. It's the sound of the unlocking and the lift away. Your love will be safe with me."

viernes, 17 de agosto de 2018

El mar

Deja que el mar te arrastre,
te sumerga,
te despoje,
te revuelque,
te hipnotice,
te acaricie,
te seduzca,
te devuelva,
que sea tu guía
o tu pérdida,
esperanza de tierra firme
o naufragio sin reversa;
que sea como la sirena:
seducción fatal,
peligroso atractivo,
romance sin igual;
ojos azules que enamoran,
estruendos que aminoran,
un amor al tiempo salvaje
y al tiempo paliativo;
ir y venir vital,
sangre azul del mundo
sin privilegio de castas,
cauce y causa del hombre,
alfombra mágica
donde flotamos,
donde soñamos,
que nos conduce y pierde;
algunos caminan sobre ella
otros se sumergen,
llano acuífero,
espejo de la luna,
Metztli incandescente,
cíclope que todo lo ve,
gran estrella entre las estrellas,
tú, aliada del mar
y de quienes zarpan a tu vela;
romance empedernido,
amor a distancia,
faro del desamparado
y refugio del enamorado,
por tus aguas corre una luz
que se filtra hasta las venas
y es que el mar es un medio
entre el cielo y la tierra.

Prólogo

"¿Tienes miedo de morir?", ¿seguro quieres empezar así la historia? Es como si conocieras a una mujer y le preguntaras si quiere casarte contigo, simplemente rompes toda vibra desde el principio, toda posibilidad de una primera cita se va, la gente no busca la posteridad desde un principio, primero busca la informalidad antes de aventarse al para siempre. Por eso tu pregunta me parece un suicidio prematuro. Con solo leer la interrogante inicial todo interés de continuar la lectura se ha acabado. En tu intento de profundizar, de filosofar, llegas a un callejón sin salida desde la primeras sílabas, dejas al lector sin nada más por explorar, es una muralla tan lapidaria como la alemana. Quitas todo entusiasmo, todo apetito, todo deseo de más, haces que a uno se le revuelva el estómago, que surja el vértigo, provocas náuseas, mareos; ¿acaso eres un exterminador de todo principio de continuidad, de todo deseo de seguir, de avanzar hacía adelante? Tu pregunta es un cementerio y todo se va para abajo; es un tren en medio del camino que impide todo flujo continuo. Un minuto de silencio por tan perentorio epígrafe.

Páginas

¿Cuál es la historia del libro? Es la de Marcelino. Un señor a quien se le diagnostico cáncer y cuya vida fue acotada por la enfermedad tanto que dio finiquito a ella. Este, es un libro que ha pasado de mano en mano, años y años, hasta llegar a alguien que lo ha finalizado; unos lo leían y se aburrían, otros simplemente desistían sin haber avanzado un cuarto de párrafo, era un libro que provocaba desaliento en las personas que lo tomaban o que quizás expulsaba fuego y por eso lo pasaban; era una especie de papa caliente que entre más lejos estuviese mejor. Hasta que un día alguien lo acabó de leer y en la parte final, en una hoja en blanco, con letra cursiva y muy buena ortografía y caligrafía, se encontraba una nota que decía lo siguiente: "haz llegado al final de un libro que ni yo mismo quería leer. Honestamente, me causó aburrición al primer renglón; al llegar a la estrofa, me percaté de que no tenía porvenir alguno. Uno puede percatarse desde el primer instante, desde el primer contacto, desde el primer momento, del libro que está destinado a triunfar o a fracasar; y esto último fue mi sensación inicial sin haber dado vuelta a la primera página. No obstante, seguí y seguí y cuando acabé decidí escribir estas palabras para dar valor y aliento a quien igual que yo, había cruzado la meta. Como podrás haberte dado cuenta, al final de la linea no hay recompensa. No hay siquiera dulzura o amargura. todo lo que queda es la decepción de haber invertido tiempo y retina en 475 páginas que bien se las pudo haber llevado el viento. Mas sin embargo, no olvides que la vida es así. Hay grandes pasajes de desaliento. Hay grandes tramos donde parece estar uno perdido en un agujero negro en el tiempo. Pero recuerda que también existe gente como yo para recordarte que aun y en el más largo camino existe gente que está contigo".

Pasajero

Todos somos aves de paso
no importa los colores.
Algunos se ven más blancos,
algunos más bayos
y otros como frijol en cazo.
Pero todos, solo estamos aquí
para compartir un pedazo
de ese plato de vida que nos toca.
Algunos pasan más tiempo,
otros se van al momento,
pero todos cumplen con su trayecto;
pues en la vida no existe el tiempo,
existen las huellas de nuestros pasos
que perduran en el tiempo.
Somos estrellas fugaces
cuyas estelas desaparecen
sin dejar otro rastro
mas quien nos vieron pasar.

La net(@)

La gente llegaba y se sentaba y ordenaba el mismo trago una y otra vez. Era un lixir adictivo, seductor, sugestivo, supresor de todo pudor, introversión o castidad, una bebida económica, al alcance del bolsillo, que generaba un placer sin igual, capaz de ver elefantes rosas y alguna que otra damisela hermosa, un brebaje capaz de alterar la realidad, la percepción personal, de tal atractivo para la juventud, medietud y senectud actual, que podía ser adquirido por yardas, jarras, cubetas, shots, tarros o vasos, en cualquier medida que solventara ese vacío personal, o que diera resquicio de esperanza, o de experiencia hedonista; una bebida que a mas de uno generaba adicción, descontrol, desazón pero que era tan primordial para esta vida tan nuestra, comercial y violenta, efímera y fugaz, que era casi obligación su presencia en cualquier menú. Cuando me acerqué al cantinero y pregunte cuál era dicha bebida de tanto apego y apogeo, este respondió: internet; bebida inofensiva a primera vista, comparada con cualquier arma blanca o de asalto, pero igual de dañina y perjudicial como el mas profundo navajazo o plomazo. La diferencia es que la vida acá no se pierde sino que se extingue lentamente.

De callejones

La ciudad está incrustada y resguardada entre montañas. Encunada en la historia. Ciudad colonial, artística, bella. Ciudad que emana olores extranjeros, cual fragancia francesa, pero que no deja de ser nacional. Locación que atrapa a quien llega, sobretodo si es de fuera, de más allá de nuestras fronteras pero que también a los de acá enamora con su candor particular. Una ciudad que invita a quedarte pues te transporta a tiempos pretéritos donde la vida parecía ser mejor de lo que es ahora. Aun y con todo eso, de su atractivo al ojo foráneo y local, de su hipnótica singularidad, de mantener su belleza intacta, la ciudad no deja ser parte de un territorio capaz de alcanzar lo sublime y lo ridículo en una misma postal, de impactarte y enamorarte pero al igual indignarte y enfadarte. Quizás el extranjero no lo vea, pues a través de su mirada solo aprecia el encanto de sus colores, sus callejones, sus construcciones, pero quien vive aquí, quien respira aquí, no puede evitar voltear a ver esa otra parte que también nos pertenece y que forma parte de esa personalidad tan dual.

La cantera, piedra pesada y hermosa, sello del pasado, de ese intento por dar a un país, a una ciudad, mayor lucidez de la habitual, esperanza de un mejor futuro; el talento y el potencial artístico local, creativo, que inspira a propios y extraños, digno de orgullo nacional y de buen recibimiento internacional, perpetuada por agravios tan berdes, tan vlancos, tan roxos, que dan fe y legalidad de tan nacional procedencia; grafitis que rodean la ciudad y que lejos están de ser expresión de arte sino más bien de una desobediencia estéril que opaca el encanto colonial de la ciudad; la basura, siempre la basura, que ocupa lugares que no debería ocupar y que deja una sensación de descuido, de valemadrismo, de qué más da, de una problemática de salud y educación social; qué decir de la cuestion vial, la épica batalla entre peaton y conductor, entre persona y coche, en este presente en el que todo mundo lleva prisa y donde todo mundo olvida la cortesía, la preferencia, el dejar pasar, el pensar en los demás, el ver más allá de mi destino.

La ciudad tiene su propio corazón nocturno. De caminatas, de canciones, de aromas, de sabores, de brebajes, de juventud en éxtasis, de amor, de aventura, una vida particular que invita a seguirla, a disfrutarla, a no quedarse atrás; una faceta singular y al mismo tiempo atractivo característico, así que si usted anda por acá, debe seguir su ritmo, dejarse llevar por la marea nocturna cuyos vientos favorecen al navío, aquí todo placer hedonista es valido, toda apuesta aceptada, toda pulsión bienvenida, sí, aquí la noche es joven; parece no envejecer jamás. La fuente de la juventud eterna está en este lugar. Aquí la vejez no pasa ni en sus muros, intactos, luminosos, tan imponentes y categóricos desde el principio que hacen de la noche aún más bohemia, romántica, idílica; como si no se quisiera ir uno jamás de este lugar. Un factor más a favor y de hacer mención de esa personalidad tan berde, tan vlanca, tan roxa. Un imán de atracción casi irrefutable para cualquier que se adentra en su ritos. Esa salsa tan picosa que aunque pique siempre echamos más.

Qué vida la de la noche: perros que ladran, música a todo volumen, gente que silva, que ríe, que grita, que habla, que acelera, que huye, que vagabundea, que se despoja, que se desinhibe, pues la oscuridad se hizo para ser otro, para aullar, para transformarse, para escribir sobre un nuevo reglón diferentes palabras —o sobre el mismo renglón diferentes palabras—, para experimentar la vida a través de una tonalidad distinta, alejada del sol y más cercana a la luna, por eso algunos cantan al pie de la ventana, llevan serenatas, se embriagan, bailan, se pelean, se arrebatan, llevan la vida a otro pedestal, a otra locación, tratan un diferente guión, pues de vivir siempre en el mismo escenario, bajo las mismas líneas, a la misma velocidad, moriríamos de monotonismo, del cáncer de siempre lo mismo, de vivir una vida bajo la asfixia del mismo lastre.

¿Cubano? Me habían confundido con huérfano e incluso árabe (hasta te pasaría que me dijeras veracruzano) pero nunca con alguien familiar a Fidel Castro. La ventaja de este lugar es que hay tantas razas, tantos colores, tantas naciones, que esto es un popurrí de federaciones —y degeneraciones—, idiomas, pieles, un ejemplo de que en la actualidad cualquiera es un ciudadano del mundo; alguien que es de aquí, de allá, de todos lados, de cualquier lugar que le abrace y arrope. Y sí, eso también somos aquí: una nomenclatura heterogénea, una masa cual tamal que involucra varios ingredientes para su elaboración y que al final da su peculiar y distintivo sabor.

El sol avanza, el tiempo a la par. Y qué es el tiempo sino dejar caer la misma pluma de la mesa una y otra vez, creando una repetición infinita. El tiempo solo nos pesa cuando ya nos vamos, cuando se acerca el final o cuando solo lo vemos caer y no caemos con él. Aquí me gustaría quedarme a vivir; siempre dice el extranjero, el que llega, el que no es de aquí, el que ve con ojos distintos un nuevo mundo, algo así como Cortés que hasta quemó sus naves para no irse de aquí. Pero uno no es tan intrépido. Uno solo busca lo distinto, algo ajeno a lo cotidiano, que te llene de esperanza de que la vida es algo más que la monotonía del día a día. Saber que hay vida allá afuera, que hay vida aquí adentro, es uno de los motivos por los cuales ser extranjero es un privilegio, una dicha, porque se ve con ojos fértiles la nueva tierra; un lugar donde cosechar algo por más breve que sea.

miércoles, 24 de enero de 2018

Nacer / ¿Vivir? / Morir

Dios es la bala que asesinó a Kennedy.
Dios es la pistola que porta el homicida.
Dios es el cuchillo que se clavó por la espalda.
Dios es el chicle que se te pegó en la suela.
Dios es el tostón que te encontraste en el suelo.
Dios es la mierda que te cae del cielo.
Dios es todo y es nada.
Dios es un tamarindo.
Quizás tanto pájaro en el suelo
me pega tanto,
porque la muerte me ha corneado,
me ha zangoloteado,
me ha dicho: estoy presente.
¿Nunca viste una herida?
Primero sangras,
después cicatrizas;
aunque el dolor intermedio
te hace trizas.
Una familia, padre e hijas,
observan la maravilla de la contaminación,
en una ciudad tan poblada como sucia,
donde la basura funge de gondolas
en una Venecia sumamente turbia,
que su fondo adornan renacuajos y verdes algas
que dan muerte a la vida y vida a las plagas.
Aquí nací:
donde no pasa nada,
donde la gente habla de nada,
donde lo repugnante es atracción,
donde reina la repetición,
donde se vive en una antigua versión de Microsoft;
un lugar que la historia omitió,
un lugar que el hombre olvidó,
un lugar que el hombre descuidó.
Aquí nadie gana,
todos pierden,
aunque algunos
más que otros,
se divierten.
Quizás por eso la muerte
se siente tan viva aquí.