"This is not the sound of a new man or a crispy realization. It's the sound of the unlocking and the lift away. Your love will be safe with me."

domingo, 12 de abril de 2015

¿A quién le importa?

En los últimos meses se han venido perpetrando una serie de delitos raciales en Estados Unidos que han acabado con la vida de varias personas afroamericanas. La mayoría de estas muertes, sino es que todas, han sido bajo el abuso del poder de las autoridades americanas (más específicamente, policías) que al sentirse con el poder que una placa o autoridad legal les da, han decidido actuar de manera atropellada.

Pero es sabido por todos, que el poder (cualquiera que éste sea) es una responsabilidad gigantesca. El simple hecho de tener el control remoto en las manos es poder, y en ocasiones no lo ejercemos bien; así, lo es también el portar una pistola. Ahora, si es difícil escoger entre qué canal ver, imaginen lo difícil que debe ser decidir entre disparar o bajar el arma. Aunque algunos tomen esa decisión con tal facilidad que pareciera un gaje del oficio, algo que era una obligación hacer. Lo cierto es, que en ese apretar el gatillo no solo se hace evidente la carente preparación que un oficial tiene sino también el poco respeto por la vida (¿que acaso no es una obligación de la autoridad preservarla?); más allá de si la persona es un delincuente o no.

Y eso no solo pasa en Estados Unidos —"Tierra del Libre"— sino también en México —"Tierra del Hartazgo"—, donde somos espectadores de un sistema que hace lo quiere y cuando quiere, y deja al ciudadano —ese que vota y paga impuestos— penando por las sobras o por lo que sea la voluntad de la autoridad dar. Y no se trata de poner a la ciudadanía en calidad de mártir ni de victima porque de igual manera nosotros tenemos el poder de decisión (ese que nos lleva a formar un grupo de autodefensa, organizar un linchamiento o una manifestación), más bien, quiero hacer notar el mal uso que hacemos del concepto, muchas veces resignificándolo a la manera en que nos convenga o excusándonos en actos.

Si la gente que está al mando, que es la autoridad, suele fallar al ejecutarlo —y es la gente preparada—, ahora imaginen la gente no preparada, que hace justicia o uso del poder por su propia mano; en ocasiones, el remedio suele ser peor que la enfermedad. A veces, las personas creen que el hacer justicia es que "alguien pague por su crimen", y esa es la finalidad, es la meta; pero existe, previamente, un proceso que cuenta igual o más. Y para eso existen las leyes, para enmarcarlo, para delimitarlo. Que la autoridad lo haga mal, no es culpa de una mala ley (que las suele haber) sino más bien por la mala aplicación de ella.

Dicen que el ser humano antes de pensar, siente. Y si alguien siente que está haciendo lo correcto, no hay mente en este mundo que le pueda hacer cambiar. Un policía decide matar a un adolescente de 13 años de edad. El sintió que hacía lo correcto. Él vio en sus manos un arma real. Lo que jamás pensó es que esa arma era de juguete. Pero, por un momento, ese hombre sintió que hizo lo correcto.

sábado, 14 de marzo de 2015

(...)

Un hombre llega a su casa alrededor de las 8:00 pm y encuentra todas las luces de la casa apagada. Para esa hora, su esposa, ya debía de estar en casa. Cuando ésta llegaba, prendía la luz de la escalera a manera de comunicar que ella estaba ahí. Al parecerle esto un poco extraño, decide subir. Él siempre lo hacía con la luz apagada. Una vez llegando al umbral en la parte alta de las escaleras, voltea hacía la derecha y ve la puerta del balcón abierta; torna su rostro hacía la izquierda, y ve la puerta de su cuarto cerrada. Permanece un momento de pie, dubitativo, expectante. Decide tomar el camino de la derecha. Al llegar al umbral de la puerta del balcón, ve a su mujer sentada, observando la luna. Él permanece allí, contemplándola a ella. Tras un instante, se acerca a ella y se sienta a su lado preguntándole por qué de la luz apagada. A lo que ella contesta: quería que me buscaras.

jueves, 19 de febrero de 2015

(...)

Un hombre ve una estrella fugaz pasar. Pide un deseo. Desea que sus brazos fuesen lo suficientemente largos para poder abrazar. Al cabo de un rato, sus brazos han crecido tanto que hasta las estrellas puede tocar. De repente, un hombre se acerca a él y le pregunta si existe mejor experiencia que la de tocar el cielo. A lo que él responde: sí, la de dos cuerpos.

lunes, 16 de febrero de 2015

(...)

Cada vez que tomo esta arma a mi vida se le restan segundos. Me miro al espejo y pregunto: ¿puedo morir en ambos lados? Dejo el arma caer. Se escucha un disparo. Alguien ha muerto al otro lado. Y es mi reflejo. Porque mi cuerpo sigue ahí parado, preguntándose quién habrá disparado; ¿habrá sido suicidio u homicidio calificado? ¿habrá sido el destino o la fatalidad quien estuvo conmigo? Camino, con las manos en los bolsillos, mirando por el rabillo si ha quedado algo vivo o soy lo único que sobrevivo.

jueves, 12 de febrero de 2015

(...)

Carta al amor

Yo no sé si tu existas. O si alguna vez hayas existido. Yo no sé qué tan lejos vivas, si es que existen coordenadas en tu camino. Yo no sé si seas físico, un estado mental o un momento compartido. Yo no sé cuáles sean tus alcances, o de lo contrario, limitantes. Yo no sé si usas flechas o suspiros para unir amantes. Yo no sé si estás hecho de helio o simplemente es todo más ligero contigo. Yo no sé si seas verdadero, si alguna vez habrás tocado mi puerta, si te habrás sentado a lado de mi en una banqueta, si habrás leído conmigo aquellas novelas o contado estrellas, si habrás compartido conmigo aquella pizza hawaiana sin refunfuñar, si habrás llorado, pataleado o gritado conmigo para no desentonar; pero en dado caso de que no hayas estado, hoy te escribo para recordarte que aún reconozco tu encanto singular.

miércoles, 11 de febrero de 2015

(...)

¿De quién es el mundo? ¿Del valiente? ¿Del incoherente? ¿Del cobarde que no se atreve a dar un paso al frente? ¿Del escritor que narra una vida entre paréntesis? ¿Del tipo que avienta fuego por la boca a falta de otro placer ajeno al diésel? ¿Del psicoanalista que habla de energía pulsional y fuerzas inconscientes como si hablará de la saga de Star Wars? ¿De la madre que se parte a sí misma para darle a sus hijos lo mejor de esta vida finita? ¿Del padre que lleva a sus hijos al parque para enseñarles la diferencia entre momento e instante? ¿De la abuela que hace pasteles y decora sonrisas? ¿Del artista que ve en aquel par de zapatos raídos que cuelgan del cableado un motivo más para no dejar de caminar? O quizás el mundo no tenga dueño. No pertenezca a un ser supremo o a un ser excepcional. Quizás el mundo solo da vueltas y nosotros nos encargamos de poner todo en su lugar.

(...)

En el regazo del silencio

Y ahí estaba yo: visualizando el horizonte como una segunda oportunidad, caminando entre el césped seco víctima de un sol inclemente, que no hacía distinción entre raíz o epidermis, apartando con mis pies las colillas del cigarros y los envases de algún refresco que habrían terminado en un placer superfluo, de esos que solo puede otorgar el momento y que suelen acabar en un breve pero nutrido aliento; y ahí estaba yo: viendo cómo los pájaros volaban de árbol a árbol cantando entre sus ramas melodías que jamás logré interpretar por falta de alas, descifrando la velocidad de aquellos automóviles que se oian a lo lejos y que manifestaban el frenesí tan complejo de nuestros tiempos, donde las alcantarillas gritaban pero no eran más que de vuelta ser atropelladas, comprendiendo lo que es el tiempo para aquel hombre en aquella construcción martillando madera y poniendo la varilla en su lugar, para aquella águila que planeaba por los cielos y cuyo descenso parecía ir en contra de toda ley de gravedad, para aquel hombre de la mirada vacía y pensamientos distantes que decidió deambular sin mayor esperanza que la de encontrar su lugar.